Aromas: 
Despertando un invaluable sentido

Lo que conocemos en la vida, está marcado siempre por un encuentro inicial. En el caso de la decoración, la primera impresión puede estar compuesta por colores, formas, o materiales, pero si hay algo que perdura por siempre, es la sensación otorgada por algo tan simple y profundo, como el aroma de aquel espacio en que respiramos, y que sin importar el momento ni el lugar, nos remontará de inmediato al sitio en que lo percibimos por primera vez.

Por Gabriela Bustos Pereira

Contrario a lo que podamos imaginar, diferentes estudios demuestran que una de las primeras cosas en que se fijan las personas cuando llegan a un lugar, es en su olor, siguiendo por la ambientación, para luego dar paso a detalles más completos como la distribución del espacio.

No obstante lo anterior, en el mundo occidental el olfato ha sido históricamente uno de los sentidos menos valorados; realidad que afortunadamente se ha ido modificando con el paso de los años. “Los aromas ya no son una herramienta que ocupan únicamente profesionales de la decoración, pues poco a poco se han ido masificando, y son continuamente evaluados por diferentes medios y compañías, que han notado el impacto que generan en distintos ámbitos”, cuenta Jessica Rogazy, diseñadora de vestuario y ambientes.

Para la experta, ese auge está determinado por la toma de conciencia de una realidad que en lo personal, ha vislumbrado desde siempre. “La ambientación es un todo, donde el desafío que tienes que lograr es que participen los cinco sentidos. En este contexto los olores te inspiran, y los incorporas dentro de lo posible, para que formen parte de lo que construyes. Una manera gráfica de imaginarlo es pensando por ejemplo en una sala de Reiki, ¿qué sería de ella sin los aromas y la música?”, explica.

Prueba de que los aromas son relevantes es que el exponerse a uno en particular, produce una asociación de ideas inmediatas en la mente, lo que se explica por la capacidad de la memoria para retener hasta 10 mil olores distintos, aunque por lo general se reconocen con facilidad alrededor de 200. La sensación que provoca el detectar uno que resulte conocido, es veloz, y puede llevar a quien lo experimenta a recordar de inmediato la primera vez en que disfrutó ese olor, pudiendo asociarlo incluso a la acción que realizaba, y las personas que lo acompañaban.

La enorme cantidad de vivencias, y lo personal de cada una de éstas, tornan un poco complejo el proceso de etiquetado de aromas que realizan las compañías, que pese a ofrecer variedades, las asocian muchas veces a nombres de fantasía, para no estigmatizar algo que para cada cual tendrá un significado distinto. Es así como mientras hay versiones positivas, existen también fragancias que se relacionan inconscientemente con situaciones negativas, influyendo en que la percepción que se tenga de éstas, pese a lo agradable que sean, resulte por el contrario estridente.

Conectando emociones

“Recuerdo que cuando niña, en el trayecto de la casa de mi abuelita a la de mi mamá, había un magnolio. En primavera nos deteníamos con mi hermana para sacar sus flores, y las manos nos quedaban impregnadas con ese aroma. Hoy cuando lo siento, el tiempo retrocede de inmediato, y vuelvo a verme en ese lugar”, recuerda Jessica y explica que uno de sus olores predilectos es precisamente la del magnolio en flor.

Para la decoradora la explicación es simple, y es que sabe mejor que nadie que el sentido del olfato está directamente relacionado con las emociones. Los nervios, la alegría, la calma, pueden ser generadas por una fragancia con mucha más rapidez que apelando a otros sentidos, pues éste resulta ser uno de los más sensibles y agradables cuando se buscan el bienestar y el confort.

Por lo expuesto, está más que comprobado que no solo la vista juega un rol importante en la ambientación de una estancia. Evocar olores puede complementar todos los demás detalles, incorporando por ejemplo aromas de canela, o inciensos, para decoraciones exóticas; o de té, limón o eucaliptus, para aquellas modernas o urbanas, que requieren un toque de frescura y amplitud.

Una de las alternativas más simples, y no por ello menos profunda, es la incorporación de plantas aromáticas que brinden naturalidad, y aporten pureza al hogar. ¿Dónde ubicarlas? Todo dependerá de lo que se quiere lograr, aunque es aconsejable destinarlas para terrazas o cocinas bien iluminadas.

Si lo que se persigue es otorgar calidez, una alternativa confortable es utilizar velas aromáticas, aunque la decoradora aconseja evaluarlo con discreción. “Todo dependerá de lo que busques, y para quién sea. Por ejemplo, mi mamá tiene 81 años y no me gusta que use velas, que se le pueden quedar encendidas; lo mismo con los aceites que necesitan calor. A mi parecer, lo ideal dentro de lo posible, son los aromas que vienen con un dispensador programado para que se activen cada cierta hora, o sencillamente los spray. También están los aromatizadores pequeños que se conectan a la electricidad. Por otro lado, para ambientes más espirituales, me quedo de todas maneras con los inciensos”, sostiene Jessica Rogazy, que con su vasta experiencia, mantiene una fragancia predilecta, ¿cuál? “El atrapa-ángeles de Casa de Hadas (en spray), ¡me encanta!”, agrega con determinación.


Para la especialista lo más importante es concentrarse en mantener armonía en cada lugar, por lo que antes de introducir algo, recomienda considerar si de verdad está exento de olores distintos, de lo contrario, una mezcla inesperada podría resultar fatal. “Sucede harto con la comida, por ejemplo, cuando vas a un café, quieres sentir ese aroma intenso; cuando vas a un restaurant, sólo quieres percibir el del plato que pediste, mientras disfrutas de una decoración que también evoque emociones o recuerdos”, cuenta la profesional que justamente está trabajando en la ambientación de un restaurant de comida peruana.

Con lo anterior queda en evidencia que más que buscar una fragancia imparcial, lo necesario a la hora de incorporarla en la decoración, es pensar bien en lo que se quiere lograr, pues hoy en día, lejos de ambientar para evitar malos olores, lo que se pretende es otorgar un sello a cada espacio, que refleje a la perfección lo que se busca expresar.

Los aromas surgen por lo tanto, como una herramienta perfecta para agregar vitalidad, pues mientras hay algunos como los florales, cítricos o la fragancia del mar, que ayudan a animarse y sentirse mejor de manera transversal, existen otros mucho más específicos capaces de generar una sensación personal a quien los experimente. Cuando esto sucede, pasa a segundo plano todo lo demás, y es que si hay algo capaz de hacernos viajar en el espacio temporal, claramente, no importa nada más.