Esta periodista de profesión desempeña una de las funciones más anónimas y solitarias en la industria del cine: el montaje. Su perseverancia, pasión por la literatura y especial sensibilidad le permitieron convertirse en una de las personas clave detrás del éxito de la película “No”y de la serie “Los 80”.

Por Alejandra Jara / Fotos Teresita Melo

Andrea Chignoli y su hija Corina

A principios de los 90´Andrea Chignoli solía caminar varias horas por los alrededores de la Universidad de Concepción imaginando que era la protagonista de una película en plano secuencia. El siempre cielo nublado era perfecto para ambientar esta cinta que sólo estaba en su cabeza y en la de su amigo Tito Matamala.

Dejó su natal Santiago durante cuatro años para estudiar Periodismo. La playa de Cocholgue la maravilló y vivió allí en su época de estudiante. Sabía que lo suyo no sería trabajar en una sala de redacción porque ella quería dedicarse al cine, y lo logró. Su participación en esta industria comenzó en 1993 época que coincide con lo que ella llama “el despertar” del cine chileno, tras un largo periodo políticamente difícil para la cultura.

Con apenas 20 años se desempeñó como segunda asistente montajista en el largometraje “Johnny 100 pesos” de Gustavo Graef. Ahí comenzó una deslumbrante carrera que la llevó a ser reconocida en los años 2009, 2011 y 2012 con el Premio Pedro Sienna a la Mejor Montajista por su labor en las películas “La Buena Vida”, “Post Mortem” y “Joven y Alocada”, respectivamente,y recibir el “Premio a la Trayectoria” en el FemCine de 2012.

“Violeta se fue a los cielos”, “No”, “La Fiebre del Loco”,“Los 80” y “Ecos del Desierto” son sólo algunas de las exitosas producciones que esta montajista ha editado. Su decisión sobre lo que se vería o no en pantalla fue clave para que “No” de Pablo Larraín se convirtiera en la primera cinta chilena en ser nominada a los Oscar.

“La evolución del cine chileno es notable”

¿Cómo se inició tu carrera que hoy te posiciona como una de las mujeres más importantes de la producción cinematográfica?

Trabajé como segunda asistente de montajeen “Johnny 100 pesos” en 1993. Esta fue una de las primeras películas chilenas que atrajo mucho público, debido al humor,la acción y su temática contemporánea. Algo que no visto en muchos años en el cine chileno.

Luego pasé a ser primera montajista en “Mi último hombre” de Tatiana Gaviola y “Los Náufragos” de Miguel Littin. En esa misma época colaboraba en cortometrajes de nuevos directores que surgieron en esos años. Esta experiencia me llevó a montar la primera película de Andrés Wood, titulada “Historias de Fútbol”.

¿Por qué te gusta ocupar este rol?

– Porque es un trabajo mucho más reflexivo, en contraposición con la tensión y rapidez que exige el rodaje.A mí me llegan todas las tomas ya filmadas, las que selecciono y combino para crear las escenas. Éstas deben contener ritmo, emoción y claridad argumental. El montaje es la última fase del guión; es el proceso final de creación del filme.

– En 2000 partiste a Nueva York a cursar un Máster en Cine ¿En que aportó a tu ya vasta experiencia laboral?

– Era importante para mí sistematizar mis conocimientos, porque durante mi trayectoria, hasta ese momento, había trabajado de manera intuitiva. Me di cuenta de esta necesidad cuando me invitaron a coordinar la Cátedra de Montaje en la Escuela Internacional de San Antonio de los Baños, en Cuba.

Mis estudios en la Universidad de Columbia me ayudaron a ordenar mi método de trabajo, y me permitieron tener acceso a películas de los lugares más recónditos del mundo. Además, aprendí de teoría cinematográfica y de guión, lo que mejoró significativamente mi desempeño como montajista.

Gael García en "No"

¿Por qué volviste a Chile si tenías la oportunidad de quedarte en el extranjero?

 En Nueva York, mientras estudiaba, seguí trabajando como montajista. Incluso colaboré durante dos años junto a Jodorowsky, en la restauración de su filmografía completa. Este proceso dio vida a un DVD compilatorio y al reestreno de todas sus películas en el Festival de Cannes en 2006.

Pero mi plan siempre fue regresar a Chile porque siento que aquí está todo por hacerse. Tenía ganas de aportar con mi experiencia en un industria que aún es muy joven. Podemos constatar que cada año surgen nuevos directores y cada vez más nuestra cinematografía es reconocida en el extranjero. Actualmente, me desempeño como docente en la Universidad Católica, porque siento la obligación de transmitir los conocimientos que adquirí.

¿Cómo calificarías la evolución que el cine chileno ha vivido en los últimos 20 años?

– La transformación ha sido notable. Cuando yo partí las películas eran técnicamente defectuosas. Desde comienzos de los 90 el medio se ha profesionalizado enormemente. Ahora existen directores de fotografía, asistentes de dirección y grandes equipos compuestos por profesionales con una vasta trayectoria cinematográfica. Cada año se producen más de 30 cintas.

Además, durante el último tiempo surgieron voces muy interesantes. Directores con un estilo particular que transmiten una visión de Chile valorada internacionalmente. Esto ha permitido que las cintas participen en festivales clase A, como el caso de “No” en los Oscar y “Gloria” en Berlín.

“Los chilenos están ansiosas por ver televisión de calidad”

¿Cómo calificas al espectador chileno?

– Los gustos, muy diversos, se encuentran con temáticas diversas. Tenemos directores como Jorge Olguín interesado en el género de terror, a Andrés Wood enfocado en algo que podríamos llamar como realismo social y a Krammer que llena las salas de cine con su comedia. El problema ha sido intentar homogeneizar el concepto de “cine chileno”. Sin embargo, aún queda trabajo en el proceso de creación de audiencias.

Participaste en las primeras temporadas de “Los 80”, ¿a qué crees que se debe su éxito?

Lo mismo ocurrió con la emisión de “Ecos del Desierto” de Andrés Wood. Fue muy estimulante y satisfactorio ver la enorme sintonía que tuvo, y el efecto que causó en las redes sociales.– “Los 80” demostraron que la gente está ansiosa por ver televisión de calidad. Se trata de un fenómeno fascinante que derriba el mito de que al público le gustan los programas facilistas. Es una serie que, si bien tiene complejidad narrativa y es políticamente cuestionadora, ha sido muy bien recibida.

Pero, ¿cómo se financian los canales si los programas tienen poco rating?

– Es imprescindible que en Chile exista televisión pública. Todos los países en Norteamerica y Europa, y muchos latinoamericanos, cuentan con un canal financiado en su totalidad por el Estado. Su función es transmitir contenidos culturales, de calidad y ofrecer alternativas al espectador. Éste no es el caso de TVN que necesita autofinanciarse y, por lo tanto, muchas veces cae en el juego de captar audiencia a como dé lugar.

– Has trabajado con muchos directores, ¿qué experiencia resultó más significativa?

Lo más significativo ha sido trabajar con Andrés Wood y Pablo Larraín, con quienes he colaborado sostenidamente a través del tiempo. Con Andrés empezamos juntos en este oficio, y siento que su cine se ha complejizado, se ha vuelto más político y más interesante. En el caso de Pablo, sus películas son muy bien recibidas en el extranjero, por su audacia formal y temática.

– ¿Qué desafíos tiene Chile en materia de cultura?

– Me encantaría que existiese un fomento sostenido en el proceso de creación de audiencias, algo que en Chile aún está en desarrollo. Un recurso imprescindible para crear puentes entre la obra y la audiencia.

“Lo mejor de Concepción fue conocer al escritor Tito Matamala”

Viviste durante 5 años en Concepción, ¿cuál es tu mejor recuerdo de la ciudad?

– Cada vez que me preguntan esto respondo lo mismo, lo mejor que me dejó Concepción fue conocer a Tito Matamala. Hasta el día de hoy somos muy amigos. Incluso yo fui protagonista de su primera novela “Hoy Recuerdo la tarde en que vendí mi alma al diablo”.

Recuerdo cuando Tito ganó un premio del Diario El Mercurio en 1995 y dejó un mensaje en mi contestadora para avisarme la noticia. En ese momento me di cuenta que ambos estábamos cumpliendo nuestros sueños, anhelados desde  la época universitaria.

Hoy tienes una hija, ¿cómo pretendes que desarrolle una sensibilidad por las artes?

– Corina, a su año y nueve meses, disfruta de la música, de pintar y de ver los monos animados que crea su padre, el audiovisualista Álvaro Ceppi, quien es uno de los socios de la productora de programación infantil “ZumbasticoStudios”.

 Tito Matamala y Andrea Chignoli