Alimentación saludable y perdurable

Aliados para un abdomen plano

Puede que tener el vientre plano sea una de las metas más recurrentes en temas estéticos, y la máxima motivación de quienes han decidido llevar un estilo de vida fitness, basado en rutinas focalizadas. Pero, ¿qué dirías si te aseguramos que cambiando tus hábitos alimenticios también puedes propiciar este cambio?

Por Gabriela Bustos P.

Atrás quedaron los tiempos en que la preocupación por un cuerpo saludable, y muchas veces considerado más atractivo, se limitaba a una pura época del año. Y aunque sí se sigue viviendo en verano el peak del esfuerzo, lo cierto es que de a poco los deseos han ido madurando y perdurando a lo largo del año. Por eso ahora, cuando culmina la época veraniega y las vacaciones de la mayoría, se presenta la mejor oportunidad para iniciar un cambio profundo.

Aunque especialistas de distinta índole consideran que para conseguir efectos que perduren, siempre será mejor combinar la buena alimentación con el ejercicio, tienen claro que hay alimentos que por sí solos, ya se convierten en un plus para lograrlo. La importancia para ellos está en asesorarse por un especialista, y evitar caer en excesos. “La dieta que nosotros usualmente comemos, tiene un papel fundamental en nuestra salud. Se ha visto que hay diferentes alimentos, factores nutricionales, estrategias dietéticas, o patrones alimentarios que se asocian a un mayor riesgo de sobrepeso u obesidad con el tiempo, e incluso a otro tipo de enfermedades. Estos factores son acumulativos, por eso la importancia de establecer hábitos alimentarios saludables permanentes, más que impulsar un régimen o dieta milagro a corto plazo”, explica Rocío Oróstica, nutricionista.

Para quienes desean solo bajar de peso, las dietas hipocalóricas son el pilar básico para tratamientos de malnutrición por exceso. “Se supone que tienen como principal objetivo aportar una cantidad de energía inferior al gasto calórico total habitual que tiene la persona, pero lo importante es considerar que para instaurarla, siempre tiene que ser de manera individualizada, ya que sus resultados dependen del sujeto, su grado de obesidad, su motivación, e incluso enfermedades detectadas como diabetes, o hipertensión”, señala la profesional que es enfática en recalcar la importancia de asumir cualquier cambio alimenticio con la responsabilidad que amerita un tema tan delicado.

Para la especialista, más allá de lo superficial, el mantener un peso ideal debiera ser un objetivo permanente, pues pese a que suele relacionarse con la búsqueda de atractivo, el trasfondo por el que se sugiere es netamente médico. En definitiva, más que buscar una apariencia dogmáticamente considerada bella, lo que se debe perseguir es una vida y un cuerpo saludable, que garantice factores tan puntuales y profundos, como una mayor esperanza de vida, y en mejores condiciones por cierto.

“Por eso, hay que tener mucho cuidado con las dietas milagro, o este boom que hay por productos o sustancias que aseguran ser una solución rápida y sin esfuerzo. La mayoría de ellas carece de evidencia científica, por lo que no son eficaces a largo plazo. En otras palabras, se trata de un fraude tan peligroso, que puede llegar a generar carencias nutricionales, y determinados riesgos para la salud de las personas”, cuenta Rocío, que además señala como tip infalible para dectectarlas, desconfiar de todas aquellas que abusen de un producto, mientras ordenan eliminar por completo otro.

En cuanto al abdomen en sí, los profesionales de la nutrición son claros en afirmar que es utópico pretender que éste se mantenga plano durante todo el día, pues es sabido que la grasa abdominal es una de las más difíciles de eliminar, ya que claramente después de ingerir bebidas o comidas, tenderá a expandirse. Por ello, el tema para quienes deseen iniciar este desafío, es prestar atención a aquellos alimentos que más allá de su efecto instantáneo natural, favorecen la deshinchazón, y generan que el aspecto liso o delgado perdure.

Pero, ¿qué alimentos pueden ser aliados en esta tarea?

Plátanos: Al igual que la palta, los kiwis y las naranjas, poseen abuntante potasio, y previenen la retención de líquido, regulando los niveles de sodio. Además, al ser ricos en fibra soluble, se convierten en un excelente remedio para el estreñimiento.

Papaya: Su enzima papain facilita la digestión. Por otro lado, se le atribuyen propiedades anti inflamatorias y una gran riqueza de fibras que fortalecen el tracto digestivo.

Pepinos: Sus populares beneficios combativos de la inflamación de los ojos, se pueden producir también en el intestino, pues contienen quercetina, un antioxidante que le otorga esta propiedad. Incluso, se ha demostrado que es capaz de inhibir la actividad de las enzimas pro inflamatorias, convirtiéndose en uno de los alimentos más generosos de nuestra dieta.

Semillas de chía: Contiene ácidos grasos omega 3, por lo que posee un reconocido efecto que combate la inflamación y ayuda a compensar el malestar que puedan generar algunas comidas.

Espárragos: Presente en la lista de superalimentos, ayuda a eliminar todo exceso de agua del organismo, aliviando la inflamación y sensación de incomodidad generada por largas digestiones.

Yogurt con probióticos: Las bacterias que posee este yogurt, ayudan a regular la digestión y a mantener un buen estado del tracto digestivo.

Jengibre: Es un antiinflamatorio natural, y por ende, una gran ayuda para el proceso digestivo, al relajar los músculos involucrados. Además de aliviar el malestar, es capaz de reducir la inflamación, y contiene una enzima que absorbe las proteínas y reduce los gases que éstas producen.

Piña: Además de su frescura, su alto contenido en bromelina ayuda a absorber proteínas y conseguir fibra indisoluble, que además de facilitar la eliminación de toxinas, mejora la salud intestinal.

Manzana verde: A diferencia de las manzanas rojas y dulces, esta especie ayuda a limpiar el colon y el intestino, favoreciendo el crecimiento de bacterias aliadas en el proceso digestivo.

Infusiones: Por último, y sumado a todos sus nobles beneficios, infusiones de hinojo, boldo, y anís, evitan la presencia de gases, y por ende, previenen y combaten la hinchazón.

Lo importante es recordar que no basta con incluir lo que mencionamos en tu dieta, pues así como este listado propicia un vientre plano, existen otros que potencian su apariencia hinchada, por lo que en la medida de lo posible, se sugiere disminuir considerablemente su consumo, aunque jamás suspenderlos del todo sin una restricción médica. Entre estos últimos encontramos los lácteos, y todo tipo de alimentos ricos en grasas. También sucede con algunos vegetales como el repollo, maíz o la coliflor, así como también las cebollas, rábanos y varios productos elaborados con trigo.

Pero si de ser más concretos se trata, podemos definir con claridad aquellos alimentos y conductas que los especialistas sugieren descartar de lleno. Las bebidas carbonatadas son un ejemplo. Aunque muchas de ellas no contengan azúcar ni calorías (en teoría), poseen gas que inflama el vientre. Un efecto similar puede generar algo tan minúsculo y aparentemente inofensivo como el chicle.

Y si el problema surge por mala digestión, hay que tener claro qué elementos la provocan. Entre los más comunes, los profesionales apuntan a los edulcorantes que se usan para sustituir el azúcar

Por otro lado, y a sabiendas de que puede parecer un consejo cliché, los especialistas son enfáticos en señalar la necesidad de cambiar las copiosas cenas nocturnas, por carnes y pescados con ensaladas. Y lo más importante, ¡deben ingerirse al menos tres horas antes de irse a dormir! Y, por simple que parezca, señalan hasta el cansancio la importancia de masticar bien la comida, pues hacerlo facilitará la digestión, al mismo tiempo que acelerará la sensación de saciedad.

Pero todo lo anterior no valdría la pena, si no se entregan al cuerpo las horas de descanso que requiere, porque por increíble que parezca, esta conducta puede contribuir a desarrollar obesidad, ya que es el sueño el que regula la función endocrina y mantiene el equilibrio adecuado entre la grelina (hormona del hambre), y la lectina (hormona de la saciedad). A falta de esta última, aumenta el apetito, la resistencia a la insulina e incluso la hormona del estrés, contribuyendo con ello en la acumulación de grasa corporal.

Aunque los efectos generados dependerán siempre de cada contextura y condición, sí podemos asegurar que siguiendo estos consejos, se notarán los resultados. Lo importante siempre será: combinar una buena alimentación con una vida que escape a lo sedentario, y por supuesto, acompañar cada decisión de cambio en hábitos alimenticios, con el respaldo y asesoría de un experto, pues es lo único que puede garantizar que el cambio perdure en el tiempo.