Después de una extensa trayectoria como violinista, hoy, esta penquista de 39 años, disfruta el gran momento que vive como directora titular de la Orquesta Sinfónica de Santa Fe. En esta entrevista repasa importantes episodios de su carrera, los que asegura están presentes cada vez que se para con la batuta en el escenario.

Un soleado miércoles del 2014 y tras terminar el ensayo diario con la Orquesta Sinfónica Provincial, Alejandra Urrutia salió desde el Centro Cultural Provincial de Santa Fe rumbo a su casa. Eran casi las 2 de la tarde y Alejandra se internó a través del Paseo Peatonal para llegar a su destino. Iba acompañada del músico chileno Jaime Cofré quien había viajado a la ciudad Argentina para el estreno de su obra Yin – Yin.
De pronto, mientras caminaban, escucharon que alguien gritaba ¡maestra, maestra!, pero no prestaron atención y siguieron conversando. Segundos después los gritos se intensificaron y Alejandra se percató que se referían a ella. Cuando se dio vuelta, vio que quien pronunciaba esas palabras era un conocido florista de Santa Fe. Cuando lo miró, él con la seguridad propia de los argentinos le dijo “Maestra, voy a ir a su concierto esta noche”.
La penquista recuerda este episodio con emoción y alegría. Cuenta que durante los 2 años que ha dirigido la Orquesta Sinfónica Provincial de Santa Fe, la que tiene más de 55 años de trayectoria, ha logrado una estrecha relación con el público de la ciudad, quienes fielmente llenan las ochocientas butacas del teatro en cada concierto.

¿Tienes una relación muy cercana con el público?
Sí, es muy bonita esta conexión y yo la considero esencial. Estoy muy contenta por su apoyo y cariño. Como acá la entrada a los conciertos de la temporada sinfónica es gratuita, asisten personas de todos los estratos sociales. Algo que no se da en Chile. Tú puedes ver sentado en las butacas tanto a un médico como a un mendigo. En Argentina la música une a la población.

¿Cómo describes esta primera experiencia como directora titular de una orquesta?
Ha sido una experiencia impagable. He aprendido mucho. Los músicos que aquí tocan son muy buenos. Muchos de ellos podrían estar tocando en cualquier parte del mundo, sin embargo decidieron volver a Santa Fe. El público ama a la orquesta y yo me siento muy orgullosa del trabajo que hemos logrado.

En 2012 te convertiste en la primera mujer chilena en dirigir como invitada la Orquesta Sinfónica de Chile. En este mundo que parece estar dominado por hombres, ¿Te has sentido discriminada por ser mujer?
Prefiero pensar que el respeto no te lo ganas por ser hombre ni mujer, sino primero porque eres persona y segundo por tu trayectoria. Yo siempre he sido muy estudiosa y llego totalmente preparada a los ensayos tanto con la Orquesta de Santa Fe, como también con las otras orquestas donde actúo como directora invitada. Porque si no lo hiciera, me estaría faltando el respeto a mí misma.

¿Qué aptitudes debe tener un músico para convertirse en un buen director?
Toda tu formación y tu vida se ve reflejada cuando te paras frente a la orquesta a dirigir. En mi caso, influye mi formación como violinista, como músico de cámara, como profesora y directora de la Orquesta Bicentenario de Curanilahue, y todas mis otras experiencias profesionales y de vida
“Toda tu formación y tu vida se ve reflejada cuando te paras frente a la orquesta a dirigir “
Además, debes ser muy empático con los músicos.  En mi caso trato de ser firme, pero a la vez amorosa.

Su vida en cada nota musical
Te iniciaste muy pequeña como violinista. ¿Alguna vez pensaste en dedicarte a otra cosa? Nunca. Mi relación con la música siempre se dio de manera natural. Si me preguntas por qué el violín, mi hermano menor ya había comenzado a estudiar piano y yo siento que el violín me encontró a mi. En mi casa siempre hubo muchos instrumentos porque mi papá además de ser contrabajista e integrante de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción, estudió violín, además de ser luthier.

¿Y cómo te enamoraste del violín?
Yo siempre he sido muy disciplinada. Desde pequeña ensayaba tres horas diarias sin que nadie me obligara. Y me daba cuenta que el estudio me hacía sentir una mejor persona y me llenaba el corazón. Una sensación presente hasta el día de hoy. Además me daba cuenta que con los ensayos progresaba. Iban saliendo oportunidades en el camino y yo las podía tomar.

¿Tienes lindos recuerdos de tu infancia en Concepción?
Totalmente.  A los 12 años integré la Orquesta Juvenil del Conservatorio de la Sociedad Bach y era topísimo ser parte de este grupo. Conocí a personas que se al igual que yo se nutrían totalmente con la música. Y aún les tengo mucho cariño a mis amigas del Kingston College.

A los 16 años recibiste una beca a EE.UU para estudiar licenciatura en música. ¿Te gustó la cultura norteamericana?
Creo que lo que más les admiro a los norteamericanos es su optimismo y que allá todo es posible, al menos eso era lo que sentía. Su formación tan metódica hace que las cosas funcionen. Yo me fui a estudiar a la Universidad Estatal de Columbus en Georgia con el violinista chileno Patricio Cobos, quien me ofreció la beca y lo primero que hizo fue cambiar drásticamente mi técnica.
Luego, continué mis estudios de máster en violín en la Universidad de Michigan, también con beca, y después saqué el doctorado, también en violín, en la misma institución. Aquí mi maestro fue Paul Kantor. Ambos programas eran muy exigentes y éramos tres latinos en el doctorado. Mi dedicación era total.
Durante los años 1994, 1995 y 1996 también participé en Festival de Aspen, que consiste en ocho semanas de estudio intensivo con los mejores músicos del mundo, incluido Kantor. Lo que progresas en esas semanas es igual a lo que logras durante un año académico de estudio.

¿Cómo se gesta tu salto de violinista a directora de orquesta?
El 2001, cuando cursaba mi último año de doctorado me contactaron de la Universidad de Indiana Pennsylvania para que realizara un reemplazo sabático como profesora de violín. Me encantó enseñar. Pero como ya había terminado mis estudios regresé a Chile ese mismo año. Ya en Chile me llaman de la Universidad de Texas porque querían que me fuera como profesora invitada. Fue otra experiencia inolvidable.
En 2002 regresé nuevamente a Chile y de sorpresa. Mis papás no lo podían creer. Nadie entendía qué iba a hacer acá. Durante unos meses trabajé en la Orquesta Sinfónica de Concepción hasta que me contactó Américo Giusti, director de Orquesta de la Sociedad Bach, y me invitó a participar en el proyecto de la Orquesta Bicentenario de Curanilahue, sin embargo , mi primera respuesta fue un no rotundo.

¿Por qué?
¿Qué iba a hacer yo ahí? Eso fue lo primero que me cuestioné. Además nunca había enseñado a niños, sólo a estudiantes universitarios. Y pensar que sería en Curanilahue tampoco me motivaba. Pero necesitaba trabajar así que terminé aceptando. Y ya a los cuatro meses estaba totalmente enamorada y entregada al proyecto.
En la primera audición llegaron ¡100 niños! Una convocatoria impresionante. Nosotros necesitábamos dejar sólo a 60 y la mayoría de los chicos tenía aptitudes. Así que seleccionamos a 60 violinistas y los otros 40 se formaron en otros instrumentos. Había chicos entre 5 y 7 años con historias de vida distintas. Algunos de los niños eran muy humildes y habían sufrido maltrato. Esta orquesta representaba una luz de esperanza para una sociedad históricamente muy reprimida y vulnerable.
“Enseñar violín a los niños de la Orquesta de Curanilahue me hizo entender que a través de la música tenía que servir al mundo”

¿Y cómo te marcó esta experiencia que se extendió durante 10 años?
Me cambió la vida y mi visión de la música. Entendí que a través de la música tenía que servir al mundo. Fui parte de la formación de esos niños durante 10 años. Les enseñé a tocar el violín y ellos con mucha disciplina y compromiso –también de sus padres- lograron un alto nivel de excelencia. Viajamos por distintos lugares, dentro y fuera de Chile, en una época en que las orquestas juveniles eran un fenómeno.
En 2006 la directora musical de esta orquesta, Oriana Silva, se va a Santiago y acepté el desafío de hacerme cargo yo. Mi acercamiento hasta ese entonces con la dirección era de pura intuición.
Y en este camino jugó un rol importante el maestro y director de orquesta Kenneth Kiesler.… Como quería perfeccionarme, ese mismo año le escribí a Kiesler – quien fue mi profesor en el doctorado- para preguntarle qué cursos podía tomar. Él me invitó a ser parte de su reconocido Retiro para Directores, Conductors Retreat at Medomak, en Maine, Estados Unidos, donde participamos intensivamente 39 directores de distintas partes del mundo. Él siempre creyó en mi potencial.

¿Cómo te lo demostró?
Este retiro de 3 semanas era muy exigente. Diría que todos los que participamos lloramos alguna vez – escondidos en nuestra pieza- por la presión. La clase de dirección consistía en que durante ocho minutos cada estudiante pasaba adelante a dirigir. Cuando llegó mi turno, me tocó la 5° Sinfonía de Bethoveen y partí súper inspirada y de repente el maestro me para. Yo estaba súper nerviosa.
Me dice: “Alejandra, gracias siempre por venir tan preparada a todas las clases”. Luego me dio unas sugerencias y termina con esta frase que marcó mi vida “Hay grandes directores como W. Fürtwangler que no tenían técnica. Pero cada nota tenía una intención. Y eso es lo que vi. Cada nota tenía una intención”.
Yo quedé perpleja cuando lo escuché. De un minuto a otro toda mi vida tuvo sentido; volver a Chile, aceptar enseñar violín a los niños de la Orquesta de Curanilahue. Decisiones que cuestionaron mis cercanos y mis padres que, en un principio, no entendieron, pero ese día supe que la vida me había preparado para esto y que podía lograr cualquier cosa que me propusiera. Fue maravilloso. Nunca me sentí más empoderada.

¿Y cuándo te paras ahora frente a la Orquesta de Santa Fe qué es lo que sientes?
Ahí uno sólo se dedica a disfrutar. Como directora titular tengo la posibilidad de transmitir mi sello, de crear un sonido único y esto es esencial cuando tienes una orquesta a tu disposición, donde puedes exigir con seguridad y descubrir el alma de la orquesta. Uno debe inspirar a los músicos no sólo con una metodología de ensayo, sino también a que ellos mismos descubran lo que la partitura quiere decir.

Tu contrato con la orquesta termina a fin de año. ¿Tienes pensado qué quieres hacer en el futuro?
Prefiero no planear nada. Existe la posibilidad que se extienda el contrato por un tercer año, pero no sé aún qué pasará. Este 2015 continuaré vinculada a distintas orquestas de Chile y Latinoamérica como directora invitada. En noviembre debutaré junto a la Orquesta de la Academia del Teatro Colón en Buenos Aires, y retornaré a dirigir la Orquesta Sinfónica de Córdoba, y la Orquesta Filarmónica de Mendoza en un doble rol como violinista y directora.