Afrontar la infertilidad:
«La delgada línea entre la esperanza y la desolación»

Se estima que un 14% de chilenos y chilenas en edad reproductiva, tiene problemas de fertilidad, y aunque existen causas diversas, que en su mayoría son tratables, en algunas parejas no se pueden determinar con exactitud, generando una inseguridad constante de la que ya sea por temor, desconocimiento o desinterés, poco se habla.

Por Gabriela Bustos P.

 

Respecto a la dificultad para desarrollar un embarazo, existen muchas hipótesis, pero lo cierto es que lejos de los mitos que rodean a esta problemática, la realidad es que puede presentarse tanto en hombres como en mujeres de cualquier edad, que tras no poder llevar a término el proceso en un año o más tiempo de búsqueda, o luego de haber sufrido reiterados abortos espontáneos, reciben el diagnostico de infertilidad.

En el caso del género femenino, las causas más comunes están ligadas a la edad avanzada, puesto que a partir de los 35 años el potencial reproductivo comienza a disminuir gradualmente, llegando a los 40 con un 10% de probabilidad. Por otro lado, se repiten factores que dicen relación con lesiones en las trompas de Falopio, o tejido uterino fuera del útero, así como riesgo por miomas, enfermedades crónicas, e incluso efectos de algunos medicamentos. En tanto para los hombres las causas más usuales son alteraciones del tracto genital, problemas de erección, alteraciones en la producción de semen, u otras situaciones más comunes como la obesidad extrema.

Pero no obstante lo anterior, lo importante es que, así como causas diversas, existen variados tratamientos que devuelven las esperanzas a quienes han tomado la decisión de ser padres o madres, llevándolos a comprender que por sensible que resulte, la condición que les afecta no es más que una enfermedad, y como tal, en la mayoría de los casos puede ser resuelta.

“Siento que en Chile no está visibilizada esta problemática, y la mayor prueba es que la conoces solo cuando te toca”, confiesa María Teresa Donoso, quien tras dos pérdidas se enteró de que tenía hidrosalpinx. “En términos simples se trata de un líquido, tipo óxido, que es infeccioso y me quedó luego de una peritonitis que tuve a los dos años. Producto de su presencia, yo podía quedar embarazada muchas veces, pero todo lo que se pegara a mi útero iba a caer o morir. A eso tuvimos que sumar que también había problemas con los espermatozoides de mi pareja, que eran muy débiles y lentos, entonces era un todo que nos puso en esta situación”, explica la joven de 29 años.

Aunque las dificultades eran compartidas, declara que siempre se sintió más responsable, por lo determinante de su condición. “Fue una etapa caótica y extraña. No la afrontamos de la misma manera. Mi esposo estaba tranquilo, pero yo sentía que el factor mayor era el mío, así que me sentía muy mal y frustrada. Lo único positivo es que como soy tan curiosa, comencé a indagar mucho, y así llegué a una agrupación de personas que estaban en nuestra misma situación”, relata Marite, refiriéndose a la organización “Queremos ser padres”, que conecta a parejas con este diagnóstico en todo el país. “Yo me hice socia y justo hubo reuniones en Concepción y Chillán, así que participé y ahí me enteré de que había un doctor que había ayudado a muchas personas, y que incluso tenía procesos innovadores. Lo vi en la clínica y el hospital en Chillán, y fue excelente siempre, tanto por sus capacidades, porque es realmente talentoso, como por el trato que tiene. Me pasó que vi otros médicos despectivos e incluso crueles, que poco menos te dicen que todo está mal y no puedes hacer nada. Con el doctor Felipe Muñoz, que es especialista en fertilidad humana, fue distinto. Nos dijo ‘sí, esto está mal, pero tiene solución’. Cuando vas a una consulta con un problema, lo que menos quieres es que te den otros más, así que sus palabras fueron impagables”, recuerda.

Afortunadamente para María Teresa y su esposo, tras cinco años de exámenes e intentos, ocurrió el milagro, como llaman a su pequeña hija Elena, que hoy está próxima a cumplir dos años. “Tuvimos suerte de llegar a buenas manos. El equipo médico nos ayudó, y pudimos apurar algunos procesos, pero la realidad es que siempre hay listas de espera, y papeles dando vueltas, así que sé que es poco tiempo para lo que pudo ser. En mi caso hubo operaciones de por medio, me sacaron una trompa de Falopio, y después hicimos una inseminación que menos mal dio este resultado”, sostiene.

Sobre el costo, también considera que fue bajo en comparación a lo que deben asumir otras parejas que conoce, y que se han endeudado de sobremanera para poder cumplir su sueño de ser padres. “Yo calculo que debemos haber gastado alrededor de 600 mil pesos, porque tuvimos chance de hacer muchos procedimientos mediante bonos o programas. Tratamos de hacer todo por la vía del hospital, salvo cuando eso significaba mucha espera”, relata.

El control de las emociones

Para la joven madre, una de las mayores dificultades fue siempre controlar el factor emocional, sobre todo considerando lo poco preparado que está el entorno para tratarlo. “Es difícil, porque por más que tu familia y amigos te digan que te entienden, la verdad es que no pueden hacerlo. Ni siquiera tu mamá, por más fuerte que sea el vínculo, puede comprenderlo. Aunque diga que sí, ¿cómo va a entenderlo si ella ya tiene a sus hijos? Es un proceso muy duro, y me pasé todo el periodo inicial preguntándome ¿por qué? Pero después que la pregunta que debía hacerme era ¿para qué?”, cuenta María Teresa, quien, como fundamento a esa respuesta, se embarcó en la misión de apoyar a otros.

“Queremos ser padres Ñuble”, es un grupo de Facebook que nace justamente para orientar a las personas de la región, y de Concepción y alrededores, que están viviendo este proceso. “Mi motivación desde ahí comenzó a ser el guiar a otros. Que sepan que duele, pero se puede. Que cada intento fallido es un duelo en el que se te van las ilusiones y las ganas. Son hijos que estaban ahí para ti, pero que no se quedaron. Yo tuve un embarazo de cinco semanas, y luego uno de diez, y siempre me va a doler en el alma eso”, explica la joven.

Pero sin duda, una de las etapas más complejas, por ilógico que parezca, fue cuando tras dos operaciones y tratamientos, uno de esos intentos funcionó en positivo. “Pasa que te quedas como en otra, y es tortuoso sin quererlo. Tratas de disfrutar el embarazo, pero tienes un pasado que te condena, y por más que trates de dejarlo atrás, siempre vas a cada eco con el temor de que tu hijo o hija ya no esté vivo. Sufrí ese miedo en cada control, y es un tema que no se considera. No hay alguien para apoyarte en eso. Incluso fui al psicólogo del consultorio, pero no tenía idea de cómo ayudarme, no hay quien trabaje con pérdidas gestacionales ahí”, confiesa conmocionada Marite.

Coberturas y tratamientos

Dada la evidente disminución del número de hijos por mujer en las últimas décadas, y el cambio en la edad en que ocurre el primer embarazo, es que el Gobierno decidió impulsar medidas de apoyo a parejas que desean tener hijos, pero tienen dificultades de fertilidad.

Si bien ya existen Terapias de Reproducción Asistida, las características, plazos, y sobre todo los costos, suelen generar dificultades que han gatillado en la necesidad de fortalecer el sistema. En concreto, la medida más notoria implementada en mayo de este año, implica un aumento en un 84% a la oferta de programas de Alta Complejidad, incluyendo por primera vez financiamiento en el sector privado.

“Que se aumente la cobertura es bueno, porque ayuda a disminuir la brecha de acceso que existe en Chile en torno a estas terapias, y que puede estar marcada tanto por motivos económicos, como geográficos. En este sentido, claramente ayuda a generar equidad social, aunque sí es necesario establecer límites en base a criterios científicos: económicos y epidemiológicos, que determinen cuánto ‘esfuerzo’ se destinará a cada pareja, sin que eso repercuta en otros presupuestos”, sostiene el médico cirujano Ignacio Moreno Cifuentes.

Según cifras del Ministerio de Salud, cerca del 14% de parejas chilenas en edad reproductiva tiene problemas de fertilidad, y un 8% de ellas necesita acudir a técnicas que, hasta mayo de este año, no eran consideradas. Sin embargo, el panorama cambió y además de sumar ocho programas, como la inducción de la ovulación, transferencia embrionaria, criopreservación de embriones, entre otras alternativas, incluirá por primera vez tratamientos complejos como los in vitro.

En este sentido, para el también Magíster en Gestión de Salud, la mayor dificultad está en priorizar las prestaciones. “Sabemos que la salud tiene muchas necesidades, y que, por ende, todo es cuestionable. En este caso hay que partir comprendiendo que la infertilidad es una enfermedad, y como tal, está súper bien que el Estado ofrezca protocolos más actualizados a las necesidades de su población, pero siempre evaluando costos alternativos, y tratando de buscar en qué áreas ganamos más como sociedad en conjunto”, explica el profesional.

La ampliación, que se enmarca en un plan que pretende seguir aumentando beneficios, para llegar al año 2023 con una cobertura total de demanda, puede adoptarse mediante la red de atención pública, en Modalidad Institucional (MAI), o en la red privada de Modalidad Libre Elección (MLE), que incluye a establecimientos en convenio con Fonasa. Para este último caso, se entregará acceso al fin a los beneficiarios de tramos B, C y D, que representan el 75% de la población en Fonasa.

Respecto a los motivos para escoger por qué vía recurrir al tratamiento, para el médico suelen estar determinados por alcance geográfico más que por otros factores. “La salud obstétrica en Chile es de las mejores del mundo, por lo que no veo más motivo que la ansiedad por los tiempos de espera en algunas ciudades de Chile, para que una pareja decida tratarse inicialmente fuera del sistema público. El desafío es ese porque, aunque nuestro país tiene tazas de mortalidad materno fetal muy bajas, eso no quita que exista mucho por trabajar y mejorar en las diferentes realidades que existen entre una localidad y otra”, agrega.

La importancia de las redes de apoyo

La opinión del profesional es compartida por María Teresa que, aunque valora mucho la atención recibida y los resultados satisfactorios para ella y su familia, sí es crítica en cuanto a la espera que deben sortear otras parejas que llevan años intentando tratarse. Sin embargo, en términos generales, para la joven el motivo determinante tiene que ver con el equipo médico al que se acuda. “Es clave buscar opciones, indagar, ser curiosos, y sobre todo encontrar un buen médico que te guíe, ayude, y no te espante más de lo que te espanta una enfermedad de este tipo”.

En relación a las opciones disponibles, la principal diferencia entre tratamientos está dada por el tipo de alteración que exista, y de la dificultad para enfrentarlo se desprenden los distintos valores de acceso, que en la mayoría de los casos pueden ir entre cuatro y seis millones de pesos.

Considerando lo anterior es que las parejas que hoy están accediendo a algún programa, valoran de sobremanera la ampliación de beneficios. “Me parece ideal que se implementen estas alternativas, que en concreto permiten que los valores sean más accesibles. Con eso nos dan libertades y opciones para escoger donde realizar nuestros tratamientos como pareja”, sostiene Leslie Briones, que en alrededor de tres años y medio buscando un embarazo, ha gastado cerca de 2 millones de pesos.

En su caso, después de tres abortos fue derivada a un estudio de fertilidad. Desde ahí en adelante, con su pareja han hecho todo lo que está a su alcance para cumplir el sueño de ser padres. “En este proceso es importante ser fuertes y lo más importante, perseverantes. Puedes caer muchas veces, pero hay que volver a pararse, no es para nada fácil, pero se puede lograr con apoyo mutuo y amor”, cuenta la mujer de 39 años.

Tanto Marite como Leslie son enfáticas al señalar lo relevante de estos anuncios recientes, pero a su vez, comparten una mirada crítica respecto a la invisibilidad que genera la infertilidad en Chile. Más allá de ser un tema sensible, para ambas el factor emocional es prioritario durante cada etapa del proceso, y lamentablemente, sigue dejándose de lado.

Con ese dolor como motivación, es que están decididas a compartir sus casos y apoyar a quienes en este momento sufren en soledad. Incluso, como una medida de reacción ante la ignorancia que hay en el país respecto a este tema, María Teresa asegura que cada vez que se enfrenta a la pregunta “¿y cuándo el segundo hijo?”, responde sincerando su caso, tal como cuando le preguntaban años antes si sería madre. “La gente me mira con cara de espanto. Incluso muchas veces me dijeron, ´lo siento, no quise ofenderte’, y yo les respondo que no me ofenden, ¿por qué habrían de hacerlo? Esto es un problema de salud y hay que afrontarlo como tal”, explica la joven que pese a haberlo superado con éxito, espera mantenerse ligada por mucho tiempo a una red que acoge a cientos de parejas que actualmente viven este proceso en silencio en nuestro país.