Adopción: una segunda vida para los animales abandonados

Existen múltiples razones para adoptar una mascota, desde éticas o económicas, hasta de responsabilidad social. Acá conversamos con algunos expertos en el tema.

Por Camila Mellado

Uno de los puntos centrales de quienes llaman a adoptar mascotas en vez de comprarlas, apunta a la noción que tenemos de estas. Una mascota, afirman, es un miembro de la familia y por tanto, no debería comprarse. Sin embargo, existen otros factores que deben considerarse al momento de contemplar el ingreso de una mascota a nuestra familia.

Adoptar y acoger

Uno de los problemas que enfrentan las ciudades de Chile es el de la sobrepoblación de animales domésticos y la gran cantidad de estos que se encuentra en situación de calle. Según la organización internacional ConScientiaGroup, hay cuatro dimensiones del abandono animal: el sufrimiento del animal que está en situación de calle; el desequilibrio en el medio ambiente que implica el animal abandonado, que caza y se alimenta de especies nativas; los ataques a la ganadería y pérdidas de animales de ganado por la caza y por último, los efectos directos sobre el humano y su vida. En 2016, según cifras del Ministerio de Salud, los ataques de animales a personas superaron los 63 mil en el año, mayoritariamente por perros. Eso sumado a los desechos que producen y las enfermedades que transmiten.

Abel Cisterna, profesor de inglés, animalista y vegano, ha sido activista de las causas animales hace muchos años. Respecto a la adopción animal, piensa que “debe ser la primera y la única opción a tener en consideración a la hora de sumar un animal no humano a la familia” y fundamenta sus razones explicando que “en un país con tasas tan altas de animales abandonados, la adopción se transforma en la mejor alternativa en términos éticos. Hay varios grupos que trabajan periódicamente haciendo jornadas de adopción a las que se puede acudir y, en cualquier caso, siempre se puede llevar a la casa a un callejerito”.

Esta última opción fue la misma que Abel tomó en su vida, adoptando en 2004 a Resorte, una perrita que sobrevivió a la matanza de perros callejeros con cebos de estricnina en la ciudad de Tomé.  Dicha droga afecta el sistema nervioso de los animales, haciendo que estos agonicen por horas. Abel y otros activistas salieron a las calles intentando salvar a la mayor cantidad de perros posible a través de inducción al vómito. Uno de estos animalitos rescatados de la muerte fue Resorte. “Hasta el momento de su adopción, mi postura era mucho más de libro. Con ella profundicé el respeto a los animales desde una perspectiva emocional; la responsabilidad que implica hacerse cargo de otro ser vivo, lo necesario que es ser la voz de los sin voz en distintos espacios y cómo adoptar puede cambiarle la vida tanto al adoptante como al adoptado”, reflexiona Abel.

La matanza de perros en Tomé no tuvo culpables frente a la justicia, pero la indignación ciudadana consiguió que se emitiera un decreto que prohibió el uso de estricnina, lo cual derivó posteriormente en una visión más ética de la tenencia responsable.

Crianza de animales versus adopción

Cuando se piensa en obtener un animal de compañía, la adopción no es la primera alternativa para un gran porcentaje de la población. La compra de animales de raza fue y sigue siendo un mercado potente a nivel nacional. “Si la venta fuera bien regulada y sólo existieran lugares establecidos para vender estos animales, en donde se preocuparan de tenerlos en buenas condiciones y que las hembras lleguen a parir una sola vez y luego se las esterilice, yo no encuentro que sería malo”, opina Camila Achurra, veterinaria de la Universidad de Concepción y quien ha trabajado más de 10 años en el rescate de animales callejeros. “Tampoco podemos quitarle el derecho de las personas a que puedan tener una raza en particular, hay gente que vive en departamentos y necesita razas más pequeñas, o lazarillos. No podemos quitar la libertad de obtener la mascota a través de un valor”. Similar opinión tiene Katherine Almendras, veterinaria especialista en reproducción: “Creo que nuestro país necesita un cambio cultural tremendo respecto a la tenencia responsable. La crianza de animales para la venta debe hacerse en base al bienestar animal”.

A pesar de esto, Camila considera que la adopción debe ser la primera opción al momento de pensar en sumar una mascota, incluso por razones económicas; ya que, al adoptar, el dinero destinado a la compra puede invertirse en comprar los requerimientos que el animal tenga, como tratamientos médicos o alimentación. “Yo siempre digo, ‘hay que enchular bien a la mascota’, porque uno va a la peluquería, trata de comprarse ropa nueva y si te enfermas, te compras medicamentos. ¿Por qué no con los animales, que son parte de la familia?”, declara.

Camila también ha adoptado diversos animales. En la actualidad, tiene dos perros, dos pajaritos y un erizo de tierra, y reconoce que en algún momento le gustaría adquirir animales de raza, porque le encantan. Sin embargo, cree que Chile no está preparado para que todos compremos: “Muchos de los animales que se compran llegan igual a la calle y ese es el problema. Más que adoptar o comprar, la modificación tiene que ser cultural de las personas”, señala.

Un cambio de conciencia

Sumar animales a la familia, ya sea a través de la compra o de la adopción, siempre es una responsabilidad que debe considerarse cuidadosamente, sobre todo para no terminar en situaciones de abandono y maltrato. “Son un integrante más de la familia. Ellos necesitan, por ejemplo, el espacio acorde a su tamaño, cuidados especiales, alimentación acorde a su estilo de vida, controles veterinarios, paseos, etc. Y es claro que todo esto se traduce en tiempo y dinero”, explica Katherine Almendras. “Tener una mascota es una decisión súper importante, ya que nos acompañan por muchos años y uno, como propietario, debe ser consciente de eso antes de tomar la decisión de adoptar”.

Sin embargo, esta noción parece estar permeando cada vez más en la población, a través de organizaciones dedicadas al cuidado y rescate de animales, y de un cambio de conciencia a nivel global respecto a la relación del humano con el ambiente. “Antiguamente, la gente adoptaba porque el perro tenía una función, que era cuidar, y al final, muchos lo terminaba tirando a la calle o no dándole los cuidados necesarios”, explica Camila. “Ahora la conciencia es mayor. Probablemente hay menos adopciones, pero en las que hay, existe la noción de que el animal no es un bien inmueble, que tiene sentimientos, que se enferma, que necesita espacio y tiempo. Eso ha hecho que mucha gente adopte incluso animales con dificultades, como daño neurológico, menos de cuatro patitas o ‘feos’. También perros o gatitos negros, que antes se decía que eran de mala suerte”, reflexiona optimista la veterinaria.

Este tipo de conciencia se ve respaldada también por la Ley de Tenencia Responsable o “Ley Cholito”, que desde 2017, determina las obligaciones y derechos de quienes son responsables del cuidado de los animales de compañía. La educación en torno a este tema es uno de sus ejes principales, así como la identificación y registro de las mascotas y el control de la población animal.

En Concepción, además, existen distintas organizaciones que trabajan de forma gratuita, muchas de las cuales hacen entrega de los animales esterilizados y desparasitados. Una de las más antiguas es la Corporación de Ayuda a los Animales y al Medio Ambiente (Coaama), en cuya página web se puede encontrar información sobre cómo y dónde adoptar. Además de las distintas organizaciones más pequeñas, que pueden ser fácilmente ubicables a través de redes sociales.