La condena de caminar con miedo

El acoso sexual callejero abarca prácticas que pueden ir desde una mirada con connotación sexual hasta un abuso o una violación tentada en el espacio público. Si bien, personas de ambos géneros sufren este tipo de agresiones, es mucho más común que suceda hacia las mujeres, quienes tienen que estar en alerta desde que son pequeñas, pues según un estudio del INJUV realizado en 2016, un 87% afirma haber vivido una experiencia de acoso sexual callejero importante durante su niñez, adolescencia o juventud. Hoy, esta persistente violencia busca visibilizarse y sancionarse a través de un proyecto de ley que se encuentra congelado en el Senado hace más de dos años.

“Cada vez que un auto aparece en la oscuridad se me aprieta el corazón”; “Le dije al chófer lo que ocurría y él me respondió: ‘ya, y qué quieres que le haga?’”; “Fui acosada por señores que perfectamente podrían ser mis abuelos”; “Ningún hombre me había tocado y mi primera vez fue así: en la calle”; “Con la voz más asquerosa del mundo me dijo al oído: te chuparía todas las tetitas. Yo tenía 12 años”; “Ni siquiera había dado mi primer beso y sentí una mano que se metió por debajo del short”; “Al pasar otra vez por al lado de este tipo, abrió la puerta y se masturbó (mostrando todo)”. (Testimonios en www.ocac.cl, página del Observatorio Contra el Acoso Callejero Chile, fundación que busca sancionar el acoso sexual callejero y visibilizarlo como violencia).

Es muy común que a las mujeres se les transmita desde pequeñas, que deben cuidarse de posibles ataques, debido a los constantes casos de abusos sexuales que ocurren en el espacio público. Caminar o viajar con miedo, es algo intrínseco en la vida de las mujeres, quienes están en un permanente estado de alerta en un lugar donde todos deberían transitar tranquilos.

Son muchos los tipos de agresiones que experimentan y no todos están sancionados por ley o por la sociedad en general. Por ejemplo, cabe cuestionarse ¿por qué alguien se sentiría con el derecho de opinar a viva voz sobre el cuerpo de una persona desconocida que camina por la calle?, ¿o de envolver con la mirada a una adolescente de pies a cabeza?…

Según Valentina Medel, Seremi de la Mujer y la Equidad de Género del Bío Bío, el acoso sexual callejero es “un conjunto de prácticas con evidente connotación sexual que provocan malestar a la persona que lo recibe, que van desde el piropo hasta las tocaciones o hasta la violación tentada, en el espacio público”.

Más específicamente, abarca prácticas como: miradas lascivas, piropos, silbidos, besos, bocinazos, jadeos y otros ruidos, gestos obscenos, comentarios sexuales directos o indirectos al cuerpo, fotografías y grabaciones al cuerpo no consentidas y con connotación sexual, persecución y arrinconamiento, masturbación con o sin eyaculación, exhibicionismo, y tocaciones (agarrones, manoseos y punteos).

Según una encuesta aplicada por INJUV en 2016, a jóvenes hombres y mujeres entre 15 y 29 años, el acoso más recibido en el espacio público, fueron piropos u otros comentarios, miradas persistentes, y silbidos y otros ruidos; y luego, tocaciones o roces intencionales a partes íntimas de cuerpo.

“El acoso en el fondo tiene un sesgo de género, porque la mayoría de las personas que reciben estas prácticas son las mujeres”, menciona Valentina Medel. Según un estudio del OCAC Chile, realizado en 2015, aproximadamente el 85% de las mujeres y el 55% de hombres, declaró haber sido víctima de algún tipo de acoso sexual callejero durante el último año.

En la encuesta de INJUV 2016, ante la pregunta ¿Alguna vez has sufrido alguna situación en la que una persona desconocida te haya dirigido palabras o realizado actos con connotación sexual en un lugar público?, se observa una diferencia estadísticamente significativa por género, ya que el 74% de las mujeres declara haber sufrido esta situación, en comparación con el 21% de los hombres entrevistados.

Las niñas comienzan a ser acosadas a los 14 años y el 87% de las mujeres afirmó haber vivido una experiencia importante de acoso sexual callejero durante su niñez, adolescencia o juventud. En cuanto a la frecuencia, un 53% mencionó sufrirlo al menos una vez a la semana y 2 de cada 10, con frecuencia diaria (encuesta OCAC Chile 2015).

También son afectados hombres, niños, transexuales, homosexuales, lesbianas, adultos mayores, y cualquier grupo divergente a la masculinidad adulta y tradicional. Es un problema transversal, cuyas víctimas más vulnerables son las mujeres jóvenes y niñas, entonces, el género se convierte en una variable importante al momento de analizar el fenómeno.

Una pregunta fundamental en este tema es: ¿Por qué una persona se sentiría con el derecho de tener atribuciones por sobre otra en el espacio público, en este caso, los hombres sobre las mujeres? Según María Francisca Valenzuela, socióloga y presidenta del OCAC Chile, “tiene que ver con cómo socialmente construimos y pensamos el cuerpo de las mujeres en la sociedad: un objeto de placer, cosificada y en función de otro; eso genera una forma de relacionarnos que se refleja en el espacio público”.

Carla Carvajal, psicóloga y coordinadora del área violencia contra mujeres del Sernameg, afirma que: “Desde lo más transgeneracional, los hombres han sido relegados al espacio público y las mujeres al espacio privado, es como si las mujeres no tuvieran permiso para usar el espacio. A partir de esto, los hombres se mueven con mucha más soltura, es como que ellos deberían salir a generar los recursos para la familia y la mujer tuviera un rol más reproductivo y del cuidado, lo que generalmente se da en la casa”.

Según la especialista, esto genera que cuando las mujeres son trasgredidas, piensen que no se cuidaron bien o que no tomaron las medidas necesarias. “Desde que son chiquititas, a las hijas les transmiten que tienen que cuidarse más porque corren más riesgo, a los hijos no, siempre está la base de que uno tiene que evitar ser agredida, pero en cambio, el hombre transita desde otro lugar en la vía pública, no tiene que estar alerta, el simplemente es, la mujer tiene que cuidarse”, menciona Carla.

 

Debido a este constante miedo, muchas mujeres deben cambiar sus rutinas para evitar posibles acosos, como modificar los recorridos habituales, cruzar la calle para no pasar junto a un grupo de hombres, preferir caminar en compañía de otras personas, cambiar el modo de vestir, escoger calles más iluminadas o con mayor concurrencia de gente, pedir Uber o un taxi cuando podrían tomar micro, todo con el fin de no ser agredidas. “Muchas mujeres prefieren sentarse en el asiento del pasillo de la micro o incluso irse paradas adelante con tal de no ubicarse en la parte de atrás, están alerta, sobre todo las que han tenido alguna experiencia previa de acoso”, cuenta Carla.

 

Ley de Respeto Callejero

El Observatorio Contra el Acoso Callejero es una fundación que nació por la demanda ciudadana de visibilizar todo tipo de acoso como una agresión, y generaron un proyecto de ley que sancionaría varios tipos de violencia, entre ellos, el acoso sexual callejero, entendiendo por este concepto a todo acto de connotación sexual que ocurra en lugares públicos contra una persona que no lo desea, sea hombre o mujer, afectando su dignidad y/o derechos fundamentales. “Esto tendría que ver con la subjetividad, si las personas sienten que un comentario las agredió, podrían denunciar y eso tendría una sanción”, afirma Valentina Medel.

La Ley de Respeto Callejero ingresó al Congreso Nacional en marzo de 2015 y fue aprobada de forma unánime por la Cámara de Diputados. Han pasado más de dos años, y aún se encuentra congelada en el Senado.

El piropo        

Evidentemente existe una magnitud diferente entre ser víctima de un abuso sexual a ser víctima de un piropo, pero éste último también es una agresión que no siempre se reconoce como tal y es mucho más frecuente. Aún existen personas que lo justifican si es dicho con “respeto o de manera halagadora”, o se le atribuye a la picardía típica del chileno. Pero, ¿puede llamarse cultural a una práctica que hace sentir mal a otra persona y trasgrede sus límites personales?

En una escala de violencia del 1 al 10, se podría situar a un piropo en el 2 y un agarrón en el 9, sin embargo, son parte de la misma escala y se originan desde la misma creencia: que algunas personas tienen derecho por sobre otras, en este caso, que los hombres tienen un derecho por sobre las mujeres a ocupar el espacio público.

María Francisca Valenzuela, presidenta del OCAC, menciona que: “El halago tiene la función de generar bienestar en la otra persona y quien lo dice se asegura de que sea así.  En el caso del piropo, nuestras estadísticas muestran que las víctimas sienten rechazo y mal estar, y cuando lo expresan reciben acoso o incluso insultos de vuelta, entonces, ¿realmente era la intención hacer sentir bien o simplemente imponer un comentario?”.

Para el OCAC, cualquier persona tiene derecho a experimentar su sexualidad como estime conveniente, sin atropellar las libertades del resto, y quienes acostumbran a acosar, han confundido la coquetería con violencia sexual.

“Como culturalmente está aceptado, uno se cuestiona si realmente debería reaccionar, porque de vuelta viene un ‘que eres grave’, pero en realidad, ¿por qué yo no puedo transitar a la hora que quiera, vestida como quiera, en la calle tranquila”, dice Carla Carvajal. “Yo creo que el hecho de visibilizarlo como violencia contra una mujer, es súper importante, hace 10 años atrás uno no podía hacer nada, porque todavía estaba esa noción de que los hombres no lo podían controlar, que ‘cómo le ponen tanto color’, etc.”.

“Todo parte de la lógica que una persona sienta que tiene atribuciones por sobre otra en el espacio público, en este caso, un derecho que socialmente, está construido desde lo masculino por sobre lo femenino, una situación de desigualdad donde la única diferencia que tú puedes establecer es el tipo de sanciones”, confirma María Francisca.

¿Cómo enfrentar un abuso?

La mayoría de las víctimas no reacciona ante una práctica de acoso sexual callejero, sin embargo, los principales sentimientos identificados son rabia, impotencia y miedo (encuestas SERNAM 2012 y OCAC 2015).

Específicamente, en casos de piropos, la psicóloga Carla Carvajal, menciona que muchas veces las niñas se avergüenzan y no saben cómo reaccionar, por el hecho de no reconocerlo como una violencia. “Muchas mujeres no tienen la noción de defenderse y se quedan calladas, porque cuesta reaccionar, y eso tiene que ver con el choque inicial que provoca el que alguien trasgreda tus límites personales”, explica Carla.

También sostiene que en el momento de un abuso, las mujeres quedan en un estado de shock, que pueden ser 5 segundos en los que no logran reaccionar: “Esto tiene cierta base biológica, ya que cuando uno vive una experiencia que sientes que te pone entre la vida y la muerte, el cerebro realiza un proceso distinto, y el paralizarse es una respuesta primitiva de ponerse a salvo, por mucho que una lo trate de entender, una va actuar distinto”.

Según la experta, muchas mujeres que viven acoso sexual callejero, experimentan sensaciones de asco y les queda dando vuelta cómo fue el hecho, necesitan cuadrar todo, entonces recuerdan y revisan qué hicieron mal. Impotencia, rabia, el por qué no dijeron nada, y también culpa de no haberse cuidado lo suficiente, son algunas de las emociones que suelen experimentar. Cuenta que los primeros días les cuesta salir a la calle, eso tiene que ver con la supervivencia, el ser humano evita volver a sufrir algo que para él fue desagradable. Aunque agrega también, que las secuelas que queden en una persona tienen mucho que ver con su historia de vida, es muy subjetivo y no hay una respuesta estándar y se trabaja desde lo traumático que fue para ella.

El OCAC, también aconseja en su página web que lo mejor es exigir respeto y sacar la voz, siempre que el entorno sea seguro y el acosador no amenace la integridad física de la persona. Recomiendan no ser agresivas y hablar de manera asertiva, potente y segura, para que el otro pueda comprender el mensaje.

También aconsejan recoger la mayor cantidad de pruebas posibles, grabaciones y/o testigos, y dirigirse a Carabineros, PDI o Fiscalía (aunque no se tengan las evidencias), sin dejar que la persona que reciba la denuncia le reste importancia al relato. Además, instan a ayudar si se es testigo de acoso sexual callejero, para que la víctima se sienta apoyada. Cabe destacar, que según el estudio de OCAC, sólo un 5% de víctimas de acoso denunció la agresión, y de ellas, el 90% no quedó conforme con los resultados.

“La idea es generar que la sanción no sea solamente penal, sino que también cultural, porque muchas veces cuando las mujeres son víctimas de estas situaciones, el entorno calla, no ayuda, no genera empatía, por lo tanto nos interesa que se genere una transformación cultural y sanción social”, concluye Valentina Medel, Seremi de la Mujer y la Equidad de Género del Bío Bío.

Medidas en la región

“En el marco de la agenda de género de la Presidenta, estamos llevando el Programa de Prevención Integral de Violencia Contra las Mujeres, dentro del cual capacitamos a dirigentes sociales, estudiantes, entre otros, para poder identificar cuáles son todos los tipos de violencia, entre ellos, el acoso en el espacio público”, cuenta Valentina Medel.

Debido a que el transporte público es el segundo lugar donde ocurren más situaciones de acoso sexual callejero (el primero, en la calle), se realizó un protocolo de denuncia con la Seremi de Transporte, que consiste en una investigación interna a través de cámaras, basta saber el recorrido de la micro y el horario. De hecho, a fines de agosto, gracias a esta metodología se logró identificar a un hombre que abusaba de las mujeres y tocaba sus partes íntimas, quien quedó con arresto domiciliario total con un plazo de 130 días de investigación.

Otra de las iniciativas que se realizó con varias obras de construcción en Concepción, fue la Zona Libre de Acoso Sexual Callejero, dentro de la cual se capacitó y sensibilizó a los trabajadores para evitar el piropeo y miradas a las transeúntes.

Un hecho particular que ocurrió en Chillán, en la Villa San Pedro, fue que los residentes del sector reclamaron porque los obreros habían acosado a sus hijas, entonces, desde el Centro de la Mujer, crearon una iniciativa de sensibilización y empatía con los trabajadores, donde se les mostró un video y se generó un espacio de conversación.

Maritza Espinoza, encargada territorial de Prevención Integral en Violencia Contra la Mujer y coordinadora de la actividad, cuenta que: “El trabajo de empatía, muchos lo lograron súper rápido, y muchos lo generan hace rato también. Al principio, unos pocos tenían defensas de su condición de hombre y mucha acusación hacia la mujer, y otros estaban molestos por la estigmatización que tienen hacia a ellos, porque hay una catalogación asociada entre obreros y el acoso. Pero la mayoría con una muy buena disposición, entendieron y asimilaron el tema, ahora lo conversan, se controlan entre ellos, y eso es muy valioso”.

En definitiva, el acoso sexual callejero es un tema que aún requiere mucha visibilización por parte de la sociedad, sin embargo, instituciones como el Sernameg y el Observatorio Contra el Acoso Callejero, han logrado un gran avance. Ahora, la Ley de Respeto Callejero se encuentra a la espera y se escapa de sus manos, y sólo queda seguir entregando herramientas de protección y continuar ayudando a concientizar sobre estas situaciones.

Para Carla Carvajal, psicóloga del área violencia contra mujeres del Sernameg, la mejor manera de educar tiene que ver con mostrar y visibilizar que todo acoso es un tipo de violencia y lo que genera en las personas que lo sufren: “En la medida de que yo sé que lo que yo hago no es natural y que le estoy causando un daño a otro, puedo impedirlo, hay que generar que los hombres sean más sensibles y empaticen, que no por ser hombres tienen más derechos sobre las mujeres, ellos vienen con ciertos sesgos de sus familias, pero es el colegio donde eso puede ir cambiando”, concluye Carla.

¿Fuiste víctima de acoso sexual callejero? Dirígete a Carabineros, Policía de Investigaciones o Fiscalía. Para asesoramiento en denuncia o apoyo psicológico, están los Centros de la Mujer o el Centro de Atención Reparatoria a Mujeres Víctimas de Agresiones Sexuales, ubicado en la Diagonal Pedro Aguirre Cerda. Si prefieres asesoramiento para denunciar online: www.ocac.cl puede guiarte.