Aceite de Argán

El Oro líquido de Marruecos

Llamado así por ser uno de los secretos más valiosos del país africano, este aceite se torna tan sorprendente que incluso hay quienes le atribuyen propiedades milagrosas. Pero tras miles de años oculto en su cultura, durante las últimas décadas se ha revelado y distribuido al resto de la humanidad; fortuna que agradecen quienes ya han sido testigos de sus múltiples beneficios.

Proveniente del Argania Spinosa, popularmente conocido como el árbol de argán que crece en el suroeste de Marruecos, este fruto se somete a un proceso de secado, tras el cual se extrae de manera manual la semilla que posee. Luego de prensarla en frío, y teniendo como resultado un olor apenas perceptible y un color dorado claro, el aceite de esta almendra es capaz de conservar una serie de principios activos, esos mismos que lo convirtieron por años en un connotado y nutricional comestible, que hoy adquiere protagonismo en el mundo de la cosmética.

Según explica la Bioquímica Natalia Pettinelli, los beneficios obtenidos no han sido 100% comprobados por la industria dermatológica, aunque sí está claro que se trata de un producto revelador, cuyas propiedades constan en la cultura popular marroquí, que lo ha utilizado desde tiempos remotos, incluso con fines medicinales. “Al igual que otros aceites, contiene vitaminas, minerales, ácidos grasos y antioxidantes. Por otro lado sus fitoesteroles son los que hacen que sea ideal para algunas afecciones de la piel, como es el caso de cicatrices, acné o irritaciones. Pero una característica fundamental, es que su índice comedogénico es cero, por lo que es recomendado para todo tipo de pieles, sean éstas secas o grasas. Como contiene aceite oleico y linoleico en una proporción equilibrada, a diferencia de otros aceites, resulta ser hidratante, regenerador, antiinflamatorio, y funciona a la vez como una barrera suavizante”, explica.

Entre sus beneficios para el rostro, destaca su capacidad para reducir las células muertas y protegerlo de agentes externos como el sol. Su alto contenido de vitamina E, resulta esencial para mantener la elasticidad de la piel y el colágeno, mientras que sus fitoesteroles ayudan a combatir el acné. En el caso del cuerpo, su principal aporte radica en la hidratación que provoca, ya que, sin necesidad de ser mezclado con otros productos, el aceite de argán es capaz de mantener por sí solo la humedad necesaria, favoreciendo la restauración del manto hidrolipídico de la piel. Lo mismo ocurre en las manos, donde incluso puede llegar a ablandarlas.

Si bien se puede emplear como aceite puro, también puede ser parte de una composición de productos dermatológicos y farmacéuticos como el shampoo. Bastará frotar un poco en el cabello, para reducir la resequedad y lograr un brillo único, que solo puede ser resultado de una hidratación natural. En términos más específicos, puede combatir el frizz, reforzar puntas partidas, y proteger el cuero cabelludo de cualquier tipo de irritación. “Puedes usarlo en el cuerpo, en la cara, en el cabello e incluso en las uñas, ya que es capaz de formar una barrera que retiene la humedad, y protege la piel de agresiones externas. Lo importante es que, para obtener todos estos beneficios, el proceso de extracción se realice con una primera presión en frío. Es lo único que garantiza que el aceite contenga todas las propiedades, porque cuando se empieza a refinar, las va perdiendo. Es lo que pasa por ejemplo con los que utilizamos en la cocina”, cuenta la bioquímica.

Para la experta resulta fundamental además, saber en qué porcentaje se encuentra presente este ingrediente dentro del producto, ya que para obtener todos los beneficios mencionados, es requisito que el aceite sea completamente puro. “Es muy importante que como consumidores nos fijemos bien en los ingredientes de los productos que compramos. En este caso por ejemplo, hay shampoos o cremas que dicen tener aceite de argán, pero en realidad aparece como último componente, lo que significa que tiene a veces un 0,1% de él, lo que derechamente es nada en términos de propiedades. A veces lo que tienen son refinados, más económicos, pero que no aportan, por eso recomiendo fijarse bien en los componentes y cantidades, y preferir productos 100% puros, o de marcas que sepamos que están certificadas o provienen de la biocosmética”, señala Natalia.

Para Paulina Martínez, química farmacéutica, llevar un producto natural a la cosmética no es tan complejo, siempre que se tenga absoluto cuidado en el procedimiento con que se extraigan los componentes que otorgarán las propiedades que se buscan. “Lo más común es la vía artesanal, que implica hacerlo de manera manual, aunque también está la química, que utiliza otras sustancias, y la semi-industrial, que implica contar con equipos más sofisticados. En este sentido, existen hierbas o aceites, de extracción menos compleja que la del argán, que pueden conseguirse mediante ungüentos dentro del hogar”, explica la profesional. Para este caso particular, y dado la dificultad para conseguir la materia en otros países, su recomendación es optar por cosmética natural, pero siempre y cuando ésta esté certificada. A la vez recomienda siempre utilizarla con precaución. “Igual hay que saber cómo usar los productos naturales, porque si son muy concentrados, o si provienen de una materia prima dudosa, que no sea 100% pura, puede haber efectos indeseados. En ese caso, es necesario consultar de inmediato a un especialista”, aconseja.

Sin embargo, para ambas profesionales los beneficios del aceite de argán y otros productos de la cosmética natural, son muy recomendables. “Pasa que más que ser complejo hacerlos, muchas veces un producto proveniente de cultivos ecológicos, certificado, 100% natural, y hasta envasado con materiales reciclados, es más caro. La industria utiliza tradicionalmente derivados del petróleo que son mucho más baratos, pero no son mejores. Yo creo que ese costo adicional vale la pena. Además, todo lo que conlleva esa filosofía de la cosmética natural es muy positivo. En el caso de los aceites vegetales, son productos que puedes utilizar fácilmente en la noche como sérum, o antes de una crema, porque se absorben inmediatamente. Ahí obtienes todos los beneficios directamente, se nota la diferencia”, cuenta Natalia Pettinelli, quien confiesa y recomienda utilizarlos, tras haber comprobado de primera fuente sus resultados, a tal nivel, que asegura que ya no volvería a usar cremas tradicionales jamás.