Un clásico en la moda 

Abrigos de piel: ¿Vigentes u obsoletos?

Aunque la respuesta es que jamás pasarán de moda, hay que reconocer que entre las prendas insignes que resisten el paso de las épocas, el abrigo de piel es una de las que más ha evolucionado. Podemos notarlo con mayor precisión hoy, cuando una remoción de consciencia por la protección de la fauna, se ha diversificado a tal nivel, que ya se reconoce despiadado en quienes no la practican.

Por Gabriela Bustos P.

Si hubiera que situar el momento exacto en que las pieles aparecen como prendas de vestir, habría que remontarse sin duda a la prehistoria, cuando el calor otorgado por el cuero de los animales que el hombre primitivo cazaba, era uno de sus mejores y más útiles descubrimientos. ¿Lo mejor para ellos? Su durabilidad. Fue precisamente esta característica, la que permitió que se mantuvieran activos a medida que el ser humano evolucionaba.

Para la Edad Media en cambio, ya eran una prenda habitual, aunque lejos de ser únicamente funcional, se posicionaban como un atuendo de valor, que dejaba de manifiesto que quienes la usaban, pertenecían a cierta clase social. Eran reyes y nobles los que portaban abrigos ostentosos por excelencia, por lo que de inmediato el resto veía en ellos un innegable lujo.

Tal era su estatus, que pese al avance de la industrialización, y con ello la aparición de réplicas sintéticas, éstas eran recibidas con rechazo, y relegadas a quienes se interesaran en aparentar elegancia y glamour que no les era correspondido. Sin embargo, el paso del tiempo logró hacer de las suyas, y comenzaron a ser un poco más “populares” que antaño.

Si hubiera que referirse a una década en particular en que los abrigos tuvieron su auge, sería entre los años 20 y los 50, cuando estrellas de Hollywood los combinaban con preciosos vestidos de Charleston. Y es que sí, para entonces, ya habían emigrado a los clósets femeninos, llegando incluso a prevalecer en ellos, por sobre los masculinos.

Pero, aunque en la actualidad se siguen utilizando en algunas comunidades indígenas y nativas, como es el caso de los esquimales en el Ártico, el uso de piel de animal para vestir, ya no es considerado un signo de admiración, para pesar de quienes lo desfilan entre clases acomodadas.

 

La brutalidad tras un atuendo

Son muchas las celebridades que mantienen su uso, pero así también lo son quienes han secundado iniciativas de distintas organizaciones animalistas, que han dejado en evidencia la realidad detrás del encanto que destilan ciertas prendas.

Esta realidad salió a la luz hace ya varios años, a propósito de la extinción de algunas especies perseguidas, pero pese al revuelo causado, aún sigue teniendo cabida en la alta costura; problemática que ha tenido a algunas casas de moda en la mira constante.

Para los animalistas no existe modo de justificar este proceder puesto que, a diferencia del hombre primitivo, el ser humano cuenta en la actualidad con una serie de alternativas para suplir la necesidad de abrigo, y por supuesto, para reemplazar cualquier textura o tono que sea requerido.

En este marco, y de manera forzada, en algunos países se han suspendido malas prácticas con medidas que combaten el tráfico y la caza furtiva. Lamentablemente, hay sectores que no se han conformado, y de acuerdo con una investigación de la Human Society of United States, han creado granjas de perros domésticos para continuar sus cometidos. O como ocurre en países como China y Rusia, siguen haciéndolo a la orden del día. Las cifras tras esta realidad son brutales y estiman por ejemplo que, para elaborar un solo abrigo, dependiendo del tamaño del animal, se pueden utilizar cerca de 10 focas, o 20 zorros, 30 gatos o mapaches, o 250 ardillas, según el ejemplar.

Pero así como existen casos terribles, también hay otros como el de las botas australianas tipo Ugg, que si bien emplean lana de oveja en sus calzados, lo hacen mediante un proceso ético y regulado que no constituye ningún tipo de vulneración animal.

 

La irrupción de las pieles sintéticas

A su vez, con el paso del tiempo y de la mano de avances tecnológicos impensados, han surgido telas, tejidos, cueros y pieles sintéticas, que nada deben envidiar a las llamadas “auténticas”, y muy por el contrario, gozan con un historial libre de maltrato.

Además de responder a leyes que han expendido la producción natural, estas nuevas prendas pueden llegar a ser igual de eternas, teniendo en cuenta por supuesto su calidad. Asimismo, son capaces de otorgar variedad de colores y teñidos, que se mimetizan a la perfección con los patrones de animales exóticos, garantizando un modelo igual de glamoroso, sin necesidad de lastimar.

De esto último sabe la prestigiosa firma Chanel, que pese a caracterizarse por un estilo clásico y conversador, a finales del año pasado anunció que a contar de este 2019 renunciaría totalmente al uso de pieles exóticas en sus productos. Y aunque la medida no supone la eliminación completa del pelo animal, sí marca un claro precedente de la tendencia a tomar medidas que regresen las prácticas ancestrales a las cavernas. En definitiva lo que se busca es modernizar los procesos, y por supuesto, validarlos acorde a la realidad de la sociedad actual, más informada, consciente y exigente.

Siguiendo esta tónica, el llamado a los usuarios finales de cada producto, es a adoptar la piel sintética u otras alternativas, y sobre todo, a fijarse bien en el etiquetado de cada prenda comprada, pues tomarle el peso a la decisión de lo que se incluye en el clóset, puede nada más y nada menos, que contribuir al progreso universal.