A 153 años de su fundación

El presente de Bellavista Oveja Tomé

Hace poco más de dos años, en Revista Velvet se publicaba sobre la declaración como Monumento Histórico Nacional de Bellavista Oveja Tomé. Y, aunque en ese momento la ratificación de la declaratoria no se había realizado -se efectuaría casi más de un año después-, se vislumbraban los distintos deseos para la fábrica; a un lado, la actual gerencia con su planificación de un proyecto inmobiliario. Por otro, la comunidad tomecina buscando rescatar su historia alrededor de Bellavista Tomé. Hoy, nos preguntamos cuál es el presente de la fábrica textil.

Por Cristina González Gaete / Fotografías: Brian Sáez C.

El monumental edificio que contempla Bellavista Oveja Tomé, a simple vista lúgubre y conjuga con el paisaje neblinoso de la costa; antaño fue el centro de la comuna, “era tan lindo, tenía tanto movimiento. Los sábados era vida aquí, porque antes se pagaba el sueldo semanalmente, entonces llegaba la gente con carreta o en los trenes a vender sus cosas. Era un movimiento continuo de gente y ahora todo Bellavista está muerto”, rememora María Angélica Centeno, quién fue parte por 32 años de la Fábrica de Bellavista Tomé, entre 1971 y 2003. “Teníamos colegio, maternidad, consultorio, panadería, carabineros, bomberos. Lo que se ve de Bellavista, era una pequeña ciudad y todo eso murió”.

Odisea patrimonial

Entender las características de la declaratoria de Bellavista Oveja Tomé como Monumento Histórico Nacional, es una de las primeras aristas para comprender el presente de la fábrica textil. Remontándonos, tras su quiebra en 2007, que significó el despido masivo de sus trabajadores, pasó a ser propiedad del Banco de Chile, con una compra a través de sistema leasing en 2010 por el Grupo Sabat. En ese entonces, los hermanos Juan Carlos y Juan José Sabat, adquirieron las 13 edificaciones, 6,2 hectáreas de superficie, en 1.653 millones de pesos, reiniciando el negocio textil por un tiempo. Pero en 2014, luego del despido de algunos trabajadores, la comunidad comenzó a movilizarse fuertemente en torno a su hito patrimonial; sobre todo, cuando en 2016 se solicitó a la municipalidad tomecina, la modificación en el uso de suelo para su utilización con fines inmobiliarios, buscando mantener sólo las fachadas principales y la torre del reloj, en una situación que se ha repetido con los edificios históricos a lo largo de los años. Un ejemplo, fue lo acontecido hace pocas semanas en Santiago, con la demolición de la fachada de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chile.

Con idas y venidas, la declaratoria de Monumento Histórico Nacional llegó a fines de 2017, significando que el edificio debía ser conservado íntegramente y en caso de ser intervenido, tendría que contar con la aprobación del Consejo de Monumentos Nacionales. Entonces, ¿en qué pie se encuentra Bellavista Oveja Tomé? En el artículo publicado en 2016, se citaba la opinión de Juan Carlos Sabat, entregada a diario El Mercurio, en la que señalaba ser contrario a la declaratoria, ya que si esta se efectuaba, cerraría la fábrica, expresando que existían escasos recursos para la mantención del edificio y afirmando que la declaratoria había bajado sus opciones de conseguir préstamos bancarios para la inversión de maquinarias y materias primas, a fin de rescatar la empresa. Pero estas intenciones se contradecían con la propuesta inmobiliaria para el uso del suelo de Bellavista Oveja Tomé. Además, entre 2016 y 2018, los dueños y administradores han pedido en dos ocasiones la opción de demoler al Tribunal Constitucional y a la Corte de Apelaciones.

Actualmente, el presente de Bellavista Oveja Tomé está en el cuestionamiento de qué se hará en sus inmediaciones. “Da mucha nostalgia que esté abandonada, ya que gracias a esa empresa logramos tener nuestras casas y educar a los hijos”, comenta María Angélica Centeno, “hace unos meses entré a la fábrica y me dio una pena horrible. Me partió el corazón ver la empresa en las condiciones que está”. A María Angélica, le interesa sobretodo, se rescate la memoria de quienes trabajaron allí; “aquí hay mucha gente que trabajó en Bellavista y puede contar historias preciosas. Hay que ser bien honesta, el Estado no invierte en las cosas de patrimonio. Tantas cosas que hicieron pedazos en Tomé y podrían haber servido, a lo mejor para formar otras empresas, quizás no tan grandes como Bellavista, pero otras más pequeñas, donde la gente se pudiera involucrar y no dejar a Tomé como ciudad dormitorio”.

El dilema parece ser generalizado cuando nos referimos a monumentos históricos. Mientras que la legislación vigente, remite al dueño su mantención, limitando cambios arquitectónicos y estructurales; y, cualquier modificación debe ser consultada a los organismos respectivos, hoy, el Consejo de Monumentos y el Estado no entregan beneficios ni apoyos, traspasándose entre los distintos actores la culpa por el deterioro del edificio.

“En realidad podríamos preguntarnos cuál es el incentivo, más bien en términos industriales y comerciales, de ser declarado patrimonio, yo creo que ese es el conflicto. En Chile que se reconozca patrimonio a nivel económico no es valorado”, comenta Hilda Basualto, arquitecta, quien trabajó en el programa Quiero mi Barrio Bellavista del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, y que estuvo presente en los inicios del proceso de declaratoria en 2014. “Las declaratorias de monumentos cuando tienen un uso habitacional, educacional, religioso, tienen mayores incentivos estatales o subsidios, pueden ser apoyados por organismos internacionales, pero cuando tienen un uso comercial o industrial están un poco castigados y más si empresas privadas”, comenta Hilda.

Tomar a Bellavista Oveja Tomé como un referente patrimonial para el país, debido a su envergadura, es uno de sus planteamientos. “La Ley de Monumentos viene desde 1925 y era pensada más objetual, monumental. Es una ley insuficiente, porque no responde a todas las variables que tiene la fábrica, debería ser una reflexión para modificar la concepción que tenemos del patrimonio”. Manifestando, además, que para pensar el porvenir de Bellavista Tomé, deberían plantearse el trabajo entre todos los actores involucrados, tanto como los propietarios, el municipio, organizaciones comunitarias y académicos, “en pos de cuál va a ser el futuro de este inmueble”, puntualizó.

Nuevos usos

A principios de este año se creó Corporación La Fábrica, con el fin de trabajar por un plan de gestión para Bellavista Oveja Tomé, buscando darle nuevos usos culturales, productivos, educativos o turísticos en conjunto con la comunidad; entre ellos destacan, como ejemplo, realizar un cine, biblioteca, museo, talleres textiles, café temático, teatro y recorridos patrimoniales. Carolina Lara, integrante de Corporación La Fábrica, comenta que, aunque, Luis Bartoli, gerente de operaciones de Bellavista, mantiene la fábrica cerrada en lo posible, una comisión del Consejo de Monumentos Nacionales pudo ingresar para ver el estado del edificio y, ahora están a la espera del informe de la visita. Además, señala que tanto el organismo del Estado como la ciudadanía deben velar por Bellavista Oveja Tomé, “tenemos la responsabilidad de advertir que hay un cierto deterioro, un cierto abandono que hemos visto más por fuera que por dentro; difícilmente hemos podido entrar, pero el deterioro es evidente”.

“Para nosotros el desmantelamiento y el abandono de la fábrica está claro, se acusa a la declaratoria como la culpable de esta situación en la fábrica, pero esto es un proceso que viene desde antes, claramente”, recalca. El punto es quién se hará cargo efectivamente desde ahora de Bellavista Oveja Tomé; sólo en agosto de este año, como consigna Diario Concepción, se despidieron a cinco personas. Y, también, si el Estado decidirá comprar la fábrica, al ser la primera opción por ley, “ahí nosotros tendríamos que hacer un trabajo de gestión política, desde distintos actores, para presionar al Estado a que decida la compra. Es otro trabajo, pero al mismo tiempo si es que llega a ocurrir, nosotros como comunidad, debemos estar preparados con un plan, porque el problema con muchos monumentos es que nadie propone. Encontramos que aquí es clave la participación ciudadana”, enfatizó Carolina.

Tomé no se puede entender sin su gran hito patrimonial, ni la relación que desde 1865, año de su fundación, ha mantenido con sus habitantes. La memoria de quienes se han relacionado con Bellavista Oveja Tomé, todavía permanece entre los 13 edificios y las 6,2 hectáreas de superficie; “mi papá trabajó toda su vida en la fábrica como tintorero. La profesión, el vivir ahí, es como la relación de cualquier habitante de Bellavista, de cariño, de arraigo, de memoria, porque no podemos desconocer que es un elemento importante dentro de cómo nosotros constituimos territorio y reconocemos nuestra ciudad, es una relación súper importante”, finaliza Hilda.