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Olivia de Havilland, icono eterno

Por Francisca Olivares | 28 julio 2020

Sinónimo de la era dorada de Hollywood, la actriz murió a los 104 años en París. Su legado es tan imperecedero como la mirada bondadosa de uno de sus mejores personajes, el de Melanie Hamilton en “Lo que el viento se llevó”.

Olivia de Havilland murió el domingo 26 de julio, a los 104 años, mientras dormía. Una muerte al parecer apacible, y a tono con la mirada bondadosa de Melanie Hamilton en Lo que el viento se llevó (1939). Con ese personaje no ganó un Oscar –estuvo nominada por mejor actriz de reparto y el premio se lo llevó su coestrella Hattie Mcdaniel–, pero llegó a los corazones de una audiencia que traspasa las generaciones.

Con su partida, esa famosa puerta al llamado Hollywood clásico se va cerrando cada vez más. Ese tiempo donde brillaban divas como Ava Gardner, Lauren Bacall, Elizabeth Taylor o Vivien Leigh, por nombrar algunas; y galanes como Clark Gable, Cary Grant, Gary Cooper o Errol Flynn –con quien debutó en Captain Blood, en 1935–. Un mundo que siempre se evoca y en el que De Havilland brilló con su talento. De hecho recibió dos premios Oscar; por sus interpretaciones en La vida íntima de Julia Morris (1946) y La heredera (1949). 

Además, hay una norma del código del trabajo California que lleva coloquialmente su nombre, la Ley Havilland; que se logró después de que ella diera una batalla legal contra la Warner Bros. Con esta victoria se generó un nuevo precedente entre las relaciones laborales con los estudios, evitándose las prácticas abusivas y que los actores no pudieran ser libres en sus contratos después de un tiempo determinado.

Amores y familia

Sus padres, Walter de Havilland y Lillian Fontaine, eran de origen británico. Olivia nació en Tokio, al igual que su hermana, la actriz Joan Fontaine. Con ella, llegaron siendo niñas a Estados Unidos. Se supone que su madre hizo todo para que fueran actrices; al punto que entre las hermanas se generó una relación difícil y una rivalidad desde la infancia. Para muchos fue una eterna guerra fría. Sin embargo, también se ha dicho que todo fue un invento dado –y aumentado– en la prensa.

Entre sus romances se cuentan el que tuvo con el productor y aviador Howard Hughes y con el actor James Stewart (La ventana indiscreta). Eso sí, el director John Huston habría sido el gran amor de su vida, pero la relación no prosperó.

En 1946 se casó con el periodista Marcus Goddrich. Junto a él, tuvo a su hijo Benjamin, que murió en 1991, un gran dolor del que nunca se refirió mucho. En 1955, se casó con Pierre Galante, el padre de su hija Gisèle. Con él se mudó a París; la ciudad donde ella, convertida en una leyenda de la era dorada de Hollywood, dejó de existir en este último fin de semana de julio de 2020.

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